Desmontando el caso Olot (4)

Fuente: Salud y Poder

Por tratarse de un caso especialmente mediático pero también extraordinariamente clarificador, reproduzco aquí en varias entregas, con permiso de nuestro editor, el capítulo 5 de la Primera parte del libro Vacunas: una reflexión crítica (Madrid, Ediciones i, Dr. Enric Costa Vercher y Jesús García Blanca). Animo especialmente en este caso a hacer comentarios críticos y a compartir reflexiones o preguntas en el grupo de facebook creado hace unos meses para debatir sobre el libro: Grupo de debate sobre libros.

(4) La inocencia de los que no se vacunan.
La falacia de la inmunidad de rebaño

Llegados a este punto, proponemos al lector un análisis de la información oficial que nos han proporcionado. Otra vez, no son datos nuestros que hayamos encontrado después de muchas investigaciones y mucha bibliografía… son datos ofrecidos por las autoridades oficiales que han llevado el caso y lo han transmitido y comunicado por todos los medios de información, pero que nosotros los vamos a aprovechar para ponerlos a disposición del lector e invitarle a reflexionar y que así pueda descubrir la verdad de toda esta historia.

Durante mucho tiempo, los que hemos decidido prescindir de las vacunas por unas u otras razones, hemos tenido que soportar la acusación de ser un peligro para los vacunados, es decir, para la inmensa mayoría. Esa acusación de ser un peligro para los demás iba seguida de otra acusación, la de ser unos parásitos sociales que nos  aprovechábamos de la “inmunidad de rebaño”, es decir, de que los vacunados no nos podían infectar a nosotros. Esta acusación que ha resultado ser falsa es la que sirve de excusa y razón suficiente para que muchos médicos y ciudadanos consideren justa la obligatoriedad de la vacunación.

Pero mira por donde, el caso de Olot, según la propia información oficial desmiente de forma indiscutible esta acusación que ha pesado sobre los ciudadanos no vacunados, porque desde el principio del caso han afirmado en varios medios de comunicación que el foco de infección estaba en gente vacunada, es decir según la doctrina oficial, los vacunados están protegidos por el supuesto efecto protector de la vacuna, esta bien; pero, además, pueden infectar a otros que no lo estén.

Este caso de contagio de la difteria de un vacunado a otro que no lo está, desmiente totalmente el pretendido efecto de inmunidad de rebaño… puesto que el rebaño, como han afirmado oficialmente, puede infectar y ha infectado a uno que no era del rebaño. Un niño no vacunado que era acusado de beneficiarse de la inmunidad de rebaño de vacunados… ha sido infectado por éste… entonces ¿donde está el beneficio y la acción parasitaria de los no vacunados?  Este caso ha demostrado claramente que los focos de infección siempre están presentes, incluso si toda la población en su totalidad estuviera vacunada. Los ciudadanos vacunados y, por tanto, portadores sanos continuarían siendo focos de infección… entonces ¿qué importancia tiene que haya un grupo, grande o pequeño que no se vacune?

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La reflexión lógica de la información oficial nos lleva a concluir que no se puede acusar al grupo de no vacunados de propagar entre los vacunados enfermedades infecciosas, puesto que estos últimos son portadores sanos que pueden infectar a otros. En todo caso los vacunados portadores sanos que son el 93% de la población tienen mucha más probabilidad de infectar a los no vacunados que son una minoría y de reinfectarse entre ellos.

Como además la función de la vacuna es proteger a los vacunados y no tiene acción germicida alguna ¿De dónde se deduce que los no vacunados son un peligro para alguien que no sean ellos mismos?  Si la mayoría de la población son portadores sanos… ¿Qué importancia tiene que haya un pequeño grupo de portadores no vacunados?… ¿Qué importancia tiene el tamaño de un perro u otro, si los dos tienen pulgas?

A los no vacunados, se les puede tachar, desde el punto de vista del sistema oficial, de ilusos, de masoquistas, de hippies, de temerarios, de irresponsables…  pero ha quedado bien claro que no se les puede acusar de ser un peligro para los demás ciudadanos que están vacunados, puesto que éstos son portadores sanos que pueden infectar y además, según la doctrina oficial, no pueden ser infectados: ¿qué peligro les acecha entonces?

De lo cual se desprende lo inútil y sin ningún sentido lógico que sería obligar a todo el mundo a vacunarse para acabar de erradicar una enfermedad. Puesto que el caso de Olot ha demostrado que los focos de infección han sido los vacunados.

Lo que muestra que ese deseo político y “religioso”, ese empecinamiento fanático de imponer la obligatoriedad de las vacunas contra la lógica más evidente, no obedece a un sentido coherente y racional sino a un abuso de poder que esconde obscuros y espurios intereses.

Esta reflexión que proponemos al lector, debe servirle para argumentar contra todos aquellos que esgrimen que los no vacunados son parásitos de los demás. Ha quedado bien claro, por las propias declaraciones oficiales, que los no vacunados no tienen, ni pueden tener más capacidad de contagiar a alguien que los vacunados… y que en todo caso, según la propia doctrina oficial, éstos son unos irresponsables y unos temerarios… está bien, nosotros tenemos nuestras razones que explicamos en este estudio, pero ha quedado claro que no somos un peligro para nadie.

Después de esta primera reflexión, vamos a seguir con el análisis del caso de Olot y con la propia información oficial que nos han servido las autoridades sanitarias, puesto que este caso resume todas las contradicciones, confusiones de lenguaje y mentiras que han caracterizado toda la historia de la teoría de la infección y de las vacunas. Veamos:

Los médicos que han llevado el caso han dicho que el niño no vacunado se ha infectado, precisamente, por no estarlo. Sabemos que en la misma ciudad de Olot hay varias decenas de niños no vacunados y, en el resto de España, varias decenas de miles que, como el niño de Olot, están rodeados por la inmensa mayoría de niños vacunados y portadores sanos, como los que rodeaban al nombrado niño… entonces…

¿Cómo es posible que se haya producido un sólo caso en toda España y en Olot mismo en un período de 30 años?…  ¿Tiene sentido lógico que no haya habido ningún caso en miles de niños no vacunados, rodeados por otros muchos más miles de niños vacunados y con capacidad de infectar a los primeros?

Quizá el lector se pregunte ante esta realidad tan extraña: ¿Es muy difícil y complicado el mecanismo de infección de la difteria? ¿Se necesita quizá contacto intravenoso o visceral entre individuos para que se produzca el contagio, como se afirma en los casos del SIDA o en la hepatitis B o C?…   Puesto que si el contagio de la difteria fuera muy difícil y complicado, quizá, esa dificultad podría justificar la ausencia de contagio durante un período de treinta años.

La respuesta a estas preguntas es negativa, puesto que la difteria, según todos los manuales oficiales de salud, se contagia a través del aliento. ¿Hay algo que compartan e intercambien más los niños que juegan juntos que… el aliento?

Sabiendo esto el lector se puede preguntar con mayor razón: Si la difteria se contagiara verdaderamente y si, además, fuera por medio del aliento… ¿Pueden pasar treinta años sin que haya habido un sólo caso de contagio cuando viven decenas de miles de niños no vacunados rodeados de más miles de niños portadores sanos con capacidad de infectar a otros no vacunados?  Si eso no es posible lógicamente… simplemente… es que es imposible.

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Por tanto, lo que ha ocurrido no es, ni puede ser, ni ha sido… un caso de una enfermedad epidémica, como se le supone a la histórica difteria, sino que ha sido un cuadro de amigdalitis aguda con placas y fiebre alta, es decir, un cuadro de anginas; un cuadro medianamente frecuente en nuestros días y que cualquier médico internista español atiende varias decenas de veces al año. Por tanto el niño se presentó con un cuadro de anginas y fiebre… sólo que inversamente a lo que pasó en España en los años sesenta que se cambió el nombre de difteria por el de amigdalitis aguda…y desapareció la difteria; por el mismo efecto transformador del lenguaje actuando en dirección opuesta, es decir, llamando con el nombre de difteria a un cuadro de amigdalitis aguda… ha vuelto la difteria a la realidad española… porque en realidad no son enfermedades distintas, como ya hemos explicado, son un único y mismo cuadro, la difteria y las amigdalitis son la misma enfermedad, son el mismo perro pero con diferente nombre en el collar… ¿curioso, verdad?

Esta conclusión que ofrecemos a la reflexión del lector la vamos a explicar con más detalle, y para ello nos serviremos, de nuevo, de los acontecimientos hechos públicos por los técnicos oficiales que han llevado el caso; y que hay que decir que han dado bastantes datos en los medios de comunicación, aunque lo hayan hecho con intención de escenificar su papel de protectores y salvadores y, también, cómo no, para arremeter contra los irresponsables que no se vacunan.

Desmontando el caso Olot

(1) Difteria: un nombre maldito para una enfermedad común y corriente.
(2) El lenguaje como creador y transformador de realidad.
(3) El hechizo de la palabra en sentido inverso. Olot 2015
(4) La inocencia de los que no se vacunan. La falacia de la inmunidad de rebaño.
(5) El test de la verdad: La última palabra de la ciencia.
(6) Historias de toda una vida… que no eran verdad.


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