Desmontando el caso Olot (5)

Fuente: Salud y Poder

Por tratarse de un caso especialmente mediático pero también extraordinariamente clarificador, reproduzco aquí en varias entregas, con permiso de nuestro editor, el capítulo 5 de la Primera parte del libro Vacunas: una reflexión crítica (Madrid, Ediciones i, Dr. Enric Costa Vercher y Jesús García Blanca). Animo especialmente en este caso a hacer comentarios críticos y a compartir reflexiones o preguntas en el grupo de facebook creado hace unos meses para debatir sobre el libro: Grupo de debate sobre libros.

(5) El test de la verdad:
La última palabra de la ciencia

Vamos a presentar al lector un “personaje” nuevo en esta larga historia médico industrial. Otra vez se trata de un invento tecnológico, un producto de nuestra biotecnología de última generación que según la comunidad médica oficial es capaz de diagnosticar, sin ninguna duda, y distinguir una amigdalitis aguda con placas común de otra amigdalitis diftérica; y aunque nosotros afirmamos que son la misma enfermedad con distinto nombre… en la actualidad existe un test que parece querer insistir en que son dos enfermedades distintas. Este test es de tan reciente creación y utilización (7 años) que es totalmente desconocido por la mayoría de médicos en activo y que hemos sabido de él y de su existencia gracias al confuso caso de difteria en Olot.

Pedimos atención especial al lector porque en las reflexiones sobre esta prueba diagnóstica, este test moderno que es el único método objetivo y aceptado por el sistema oficial, capaz de hacer un diagnóstico diferencial correcto entre unas anginas y una difteria, encontrará la respuesta a toda la realidad de la historia de las vacunas; ahora que estamos llegando al final de la película va a descubrir la verdad. Veamos:

Diversos medios que han informado sobre el caso del niño de Olot, han dicho que el niño ingresó en el centro médico con un cuadro de faringo-amigdalitis con placas y fiebre alta (anginas) y que a un médico (cuyos antepasados habían sido supuestamente atacados por el bacilo de la difteria, hace unos sesenta años) se le ocurrió la idea de que ese cuadro faríngeo de anginas con placas y con fiebre podría ser difteria.

Como no hay manera de poder diferenciar un cuadro patológico de difteria de un cuadro de amigdalitis aguda (anginas) clínicamente, es decir, por los síntomas que presenta el enfermo… Pensamos que este colega, que sospechaba de le presencia de difteria, ante lo extraño que podría resultar el caso, y para asegurarse del diagnóstico de difteria, que era lo que le apuntaba su extraordinario ojo clínico, se le ocurrió hacer una prueba analítica y no meter la pata y no dar la nota en un país donde no había habido ningún caso en treinta años. Y para asegurarse bien pidió un test de difteria que se realizó en Madrid en el Centro Nacional de Microbiología. Este test de diagnóstico parece ser, según la última opinión médica oficial, la prueba definitiva que decide el diagnóstico diferencial entre los cuadros de anginas y distingue, claramente, las anginas que son de origen diftérico de las anginas digamos “corrientes”.

pcrEste moderno test se basa en la PCR (reacción en cadena de la polimerasa), una prueba de biología molecular complicada, descubierta en 1993; que sólo se realiza en centros altamente equipados  desde hace pocos años, concretamente en España se puede realizar ese test en el Instituto de Salud Carlos III y desde el año 2007. Estos datos cronológicos tienen mucha importancia para las reflexiones que vamos a proponer al lector en las próximas líneas.

El resultado positivo del test realizado por la Dra. Silvia Herrera en Madrid, hizo seguramente gritar… ¡Bingo!..  al médico alemán Schneider que había llevado el caso desde el principio; no son de extrañar sus saltos de alegría y regocijo, puesto que contando sólo con su olfato y ojo clínico había conseguido detectar y descubrir el único caso de difteria desde hacía treinta años en España, un país de más de cuarenta millones de habitantes… el lector debe tener en cuenta para admirar el talento intuitivo del médico… que éste tenia una oportunidad entre varios cientos de millones en estos treinta años… y acertó.

No me dirá el lector que no es un caso absolutamente impresionante de ojo clínico y de clarividencia extraordinaria, casi, casi divina… pues bien, este personaje que podríamos calificar sin duda de extraordinario, fue el médico que atendió al niño que venía con una faringo-amigdalitis aguda febril, es decir, unas anginas agudas; si le hubiera atendido otro médico español… uno normalito… es completamente improbable que hubiera pensado en una difteria; puesto que desde los años setenta se da por desaparecida y, desde entonces, en las facultades españolas nos entrenan a los médicos a tratar los cuadros de anginas con placas como tales; nadie piensa en la difteria y, por eso, a nadie se le ocurría pedir un cultivo de bacterias… y como el test era algo del futuro.. tampoco nadie ha pedido esos test nunca. Y como nunca se han pedido porque no habían sido creados todavía y, por tanto, no conocíamos de su existencia… no podía haber casos de difteria en España.

Durante los últimos cuarenta años, los médicos europeos actuales, no piensan en la difteria ante los miles de casos de amigdalitis aguda con placas que, anualmente, se presentan en las distintas consultas de medicina interna. Es por lo que nos atrevemos a asegurar que ningún médico normal hubiera sospechado que el cuadro que presentaba el niño era algo distinto a lo que parecía presentar, es decir, una amigdalitis aguda con placas (anginas).

Pero el desventurado niño no se cruzó con un médico normalito, sino con un médico con unas características especiales que le hicieron pensar, inmediatamente, en la difteria y, además, por si fuera poco, este médico estaba presuntamente dotado con el don de la profecía, puesto que ya había advertido, hacía unos años, a los irresponsables padres españoles que decían que no vacunaban a sus hijos del peligro  al que se exponían… Llevaba años de vocero de las vacunas en tierras de Cataluña, pero se quejaba del poco caso que algunas pocas familias hacían de sus advertencias… y un día, en el que él estaba de servicio, sospechó de difteria ante un cuadro febril con amígdalas que presentaba un niño no vacunado… este era el caso que estaba esperando…  por fin se iban a cumplir sus predicciones proféticas… y pensó al ver al niño abotargado por la fiebre y las anginas…¡por fin se ha cumplido mi advertencia y se ha infectado uno! unos días después añadía en los medios de comunicación… ¡ya se lo había advertido, son unos irresponsables!… dirigiéndose a los padres para reprender su rebeldía y su supuesta irresponsabilidad.

El resultado del test que nadie hubiera pedido, excepto el extraordinario médico Schneider, iba a cambiar fatalmente el destino del niño; porque desde que dio positivo al test pasó, de un minuto a otro, de tener un vulgar cuadro agudo de anginas con placas, el cual se trata, en la salud pública, con unos antibióticos y antipiréticos y suele curar en más o menos una semana, a un cuadro de la temible difteria histórica.

Se había producido el “hechizo” semántico que convertía una enfermedad en otra. Ese “hechizo” había transformado la terrible difteria en anginas en los años sesenta… el mismo “hechizo” semántico utilizado en sentido inverso transformó a las anginas en difteria en Olot en 2015… y volvimos a tener difteria en España. Es el mismo efecto del “poder creador y transformador de las palabras”, pero utilizado en sentido inverso   .

La nueva situación que se había presentado con la aparición del nombre de difteria, asustó a los padres, a los médicos y los ciudadanos, pero sobre todo complicó el tratamiento del niño; puesto que ya no era asunto de unas anginas gordas e inflamadas… sino de difteria; ahora se requería además de la carga tóxica y abundante de antibióticos, calmantes y antipiréticos… de un suero antidiftérico.

suero antidiftericoEl tratamiento con suero antidiftérico, como hemos dicho, es tan antiguo y peligroso que había sido totalmente abandonado por la práctica médica en Europa occidental, por eso, tuvieron que encontrarlo en Rusia. Este país conservaba algunas unidades de suero antidiftérico que usaron en la década de la disolución de la U.R.S.S. como hemos contado antes. El que pudieran encontrar este suero de hace más de veinte años en Rusia, puesto que no quedaban en los países de nuestro entorno, no fue un acontecimiento afortunado para el pequeño paciente, puesto que ya no había excusa, habíamos vuelto atrás en el tiempo…  el hechizo había revertido su sentido y se había hecho realidad la difteria… había vuelto el terrible mal y pensaron tratarlo como siempre… y se lo administraron intravenoso para curarle… como en los viejos tiempos de la terapia de los sueros de animales… El niño murió “misteriosamente” después de unos días de administrarle el suero antidiftérico, a pesar de estar en una moderna unidad de cuidados intensivos de uno de los mejores hospitales.

Las terapias con sueros antidiftéricos habían sido abandonadas en todos los países occidentales a partir de los años sesenta, por la cantidad de problemas de reacciones inmunológicas que ocasionaban, en los tiempos en que se utilizaron. Los sueros de animales provocan en el receptor una reacción inmunológica de rechazo de tejidos… y los médicos que se atrevían con ellos sabían que siempre que se administren, se tenía que temer la reacción del receptor a los sueros, es decir, del paciente; puesto que en un porcentaje importante de casos, se producen reacciones graves de rechazo, shocks anafilácticos y reacciones inflamatorias generalizadas. Precisamente, cuando en los años cincuenta y sesenta se empezaron a utilizar los antibióticos, se abandonaron definitivamente los tratamientos con sueros.

No podemos comprender la elección del tratamiento de suero de animal en un hospital moderno, como ha ocurrido en el caso del paciente de Olot.

suero antidiftPero ¿por qué son tan tóxicos estos sueros? Esto es debido a que esos sueros antidiftéricos se sacan de la sangre de caballos y que su inoculación en el medio interno causa una reacción inmunológica casi imposible de prever y de controlar. Por estas razones, excepto en la U.R.S.S…. su utilización había sido abandonada en toda Europa y USA.

El niño de Olot se tuvo que enfrentar a esta terapia tan agresiva,  había sido “señalado” por un moderno test…después de un mes de UCI murió “misteriosamente”. Pero a pesar de todas estas vicisitudes que hemos sacado exclusivamente de la propia información oficial, las autoridades salieron en los medios de comunicación diciendo dos cosas: El niño había fallecido a causa de la difteria, sin ninguna duda. No comentaron nada del agravamiento que sufrió el niño, después de haberle administrado el suero, no comentaron cómo pudo morir un niño (aunque fuera de difteria) en una moderna unidad de cuidados intensivos… sólo añadieron la sentencia de que los responsables… eran los padres por no haberle vacunado.

El caso ha durado poco más de un mes en los medios de comunicación y luego desaparecerá de la memoria colectiva; la velocidad de la existencia en este tiempo que nos ha tocado vivir lo exige así. Y en el consciente colectivo y en las estadísticas nacionales aparecerá este caso como un caso único en España desde hace 30 años. Pero antes de que eso pase a la historia, queremos proponerle al lector, como siempre, unas cuantas reflexiones que quizá le ofrezcan unas respuestas que no esperaba, veamos:

Lo primero que podemos sacar del relato de los hechos descritos por los técnicos oficiales que han llevado el caso, es que, según la medicina moderna, lo único que puede diferenciar un cuadro de amigdalitis con placas de un cuadro típico de difteria es el test que le realizaron en el Instituto Carlos III. Si este test hubiera dado negativo, el niño hubiera seguido siendo tratado de una amigdalitis vulgar con antibióticos y antipiréticos y seguramente se habría curado en una semana.

Este test parece ser la fórmula definitiva de diagnosticar la difteria, pero recordemos que se afirma eso del test después de más de cien años de asegurar que la presencia de bacilos era la prueba y la causa de la enfermedad. Nosotros no valoramos ni discutimos la inhabilidad del test, pero la ciencia médica oficial dice que es la prueba definitiva y que está a disposición de los médicos españoles desde el año 2007.

Pero si todo esto es verdad como afirman los responsables de Sanidad, y sólo por medio de un test de hace siete años se puede saber científicamente si unas amígdalas inflamadas son diftéricas o no…nosotros no lo discutimos porque como nuestro venerado filósofo, el viejo Sócrates, no sabemos nada… sólo nos hacemos preguntas y se las proponemos al lector: considerando que la difteria se puede diagnosticar con seguridad y diferenciarla de las anginas comunes desde hace ocho años, por mediación del único test o prueba analítica infalible admitido por la ciencia actual[1] … podemos preguntarnos lógicamente…

¿Cómo se diagnosticaba la difteria a principios del siglo veinte, sin la existencia del test? ¿cómo hemos podido diferenciar los médicos españoles durante toda nuestra vida, un cuadro de anginas de un cuadro de difteria, admitiendo que nunca hemos utilizado el nuevo test?…  Naturalmente, no lo hemos utilizado porque siempre hemos tratado los cuadros de amigdalitis como si fueran casos de amigdalitis, no teníamos dudas y no teníamos sospechas… ni un ojo clínico tan poderoso como el del Dr. Schneider, simplemente, los tratábamos como un cuadro de anginas y los curábamos con o sin antibióticos. Y esa es la causa de que los médicos españoles y europeos no tengamos conciencia de habernos encontrado nunca con un caso de difteria.

 La amigdalitis aguda nunca ha sido un cuadro difícil de tratar y, este médico, no recuerda ningún caso de amigdalitis aguda que no curase en un periodo de más o menos una semana. Hemos tratado cientos, quizá miles, en más de treinta años de ejercicio de la medicina, y no creemos que las amigdalitis sean difíciles de tratar; nunca se nos ha presentado un caso que terminara fatalmente; y estamos seguros de compartir esta opinión con la mayoría de los médicos en activo en consultas de la seguridad social de todo el país.

Otra información, perfectamente oficial, que nos ha llegado del caso es que, para buscar el supuesto foco de la infección, se les hizo el infalible test a las personas del hábitat mas cercano al niño… e  inesperadamente para los técnicos, dieron positivo al test varias personas que estaban vacunadas, concretamente 8, entre un total de 57, es decir, un 18%.  Inexplicablemente se les administró antibióticos aunque estaban sanos y sin ningún tipo de molestia ni síntoma. No tenían ninguna molestia pero, se les administró antibióticos porque el test decía, clara y analíticamente, que tenían la difteria.

Si alguno de ellos hubiera presentado una amigdalitis en ese mismo momento… ¿se le hubiera administrado el suero antidiftérico? Afortunadamente, estos portadores sanos no presentaban amigdalitis y eso quizá les salvó de ser etiquetados de diftéricos y de que les inyectasen el suero.

Pero si en el entorno limitado del niño de Olot han encontrado, analíticamente, “difteria” con facilidad y rapidez en varias personas sanas… hay que seguir haciéndose unas reflexiones lógicas y contestárselas:

¿Qué pasaría si nos hicieran el test a toda la población?…. Hay que pensar que, como ha ocurrido en Olot, habrá que esperar que muchos vacunados (un 18% de la población) y no vacunados (no sabemos cuántos) den positivo al test que denuncia que padecemos la enfermedad, la supuesta difteria.

¿Qué le hubiera pasado a las generaciones de españoles que, como el autor, padecimos de anginas en los años sesenta y nos las extirparon?… ¿qué nos hubiera pasado si nos hubiesen sometido al test? Lo lógico es que muchos (no sabemos cuántos, un 18% o más) hubiéramos dado positivo y en vez de recibir antibióticos y amigdalectomía, hubiéramos tenido que enfrentarnos a los sueros antidiftéricos. Menos mal que los médicos que nos tocaron en suerte ya habían abandonado la costumbre de nombrar y de pensar en la difteria cuando veían un cuadro de anginas y no tenían, todavía, a disposición… el test definitivo.

¿Qué hubiera pasado con los miles de casos de amigdalitis aguda que hemos atendido los médicos españoles en estos 30 últimos años, si les hubiéramos sometido al nuevo test?

La respuesta es clara: en vez de tratarles y curarles con facilidad una amigdalitis, a muchos de ellos, les hubiéramos diagnosticado de difteria. Y ellos como pacientes y nosotros como médicos nos hubiéramos tenido que enfrentar a los peligrosos sueros antidiftéricos que hubiéramos tenido que prescribir. Por fortuna para pacientes y médicos españoles, las amigdalitis agudas con placas o anginas, sólo han sido eso y nada más; las hemos tratado como lo que eran, nunca pedimos ese test… durante treinta años… y se han curado.

¿Serían las estadísticas las mismas que han sido sin el test? Naturalmente que no.  No llevaríamos 30 años sin casos de difteria, como se ha demostrado claramente en Olot. Si los médicos españoles que fuimos formados en los setenta se nos hubiera entrenado para hacer el diagnóstico diferencial, entre una difteria y una amigdalitis aguda con placas, con ese test… con los datos que tenemos y nos han relatado las autoridades técnicas que han llevado el caso, hay que concluir lógicamente que no llevaríamos 30 años sin difteria en España sino que, como mínimo, el 18% de la población de ciudadanos que han tenido anginas, y que están operados de amígdalas hubieran tenido en realidad difteria.

Y por último, ¿qué pasaría si a raíz del caso de Olot y siguiendo el ejemplo de Schneider, a partir de ahora, los médicos españoles hacemos el test en todos los casos que nos encontremos de amigdalitis en placas?

Si lo aplicamos a partir de ahora, es lógico pensar, que volverá la difteria (de hecho ya ha vuelto en Olot, donde el 18% de la población da positivo al test de difteria) a las estadísticas españolas, y volveremos a tener que fabricar sueros y aplicarlos a los niños con amigdalitis que, durante todos estos años, se han curado las amigdalitis con placas, sin necesidad de utilizar sueros.

[1] Se utilizan dos tests: el ELEK para distinguir la bacteria que se considera capaz de segregar la toxina que produce la difteria de otras denominadas “difteroides” y la PCR que detecta la presencia del gen de la toxina y es el que se considera definitivo. Sin embargo los propios documentos oficiales de los protocolos de actuación ante casos de difteria reconocen su falta de fiabilidad. Así, el Protocolo de Vigilancia de Difteria elaborado por la Red Nacional de Vigilancia Epidemiológica dice en la página 106 sobre la PCR aplicada a la Difteria: “Sin embargo no demuestra si la cepa expresa la toxina diftérica por lo que sus resultados deben ser interpretados con cautela ya que algunos aislamientos de las especies toxigénicas de Corynebacterium poseen el gen de la toxina pero biológicamente no la expresan”. Documento completo en Internet: http://www.isciii.es/ISCIII/es/contenidos/fd-servicios-cientifico-tecnicos/fd-vigilancias-alertas/PROTOCOLOS_RENAVE.pdf. El asunto es mucho más grave cuando se sabe algo desconcertante: que además de las diftéricas existen otras bacterias capaces de producir la toxina de la difteria, como la C. Ulcerans y la C. Pseudotuberculosis (A Efstratiou, RC George “Laboratory guidelines for the diagnosis of infections caused by Corynebacterium diphtheriae and C. Ulcerans”. Commun Dis Public Health 1999: 2: 250-7; https://www.gov.uk/government/uploads/system/uploads/attachment_data/file/355490/guides_coryne.pdf).

Desmontando el caso Olot

(1) Difteria: un nombre maldito para una enfermedad común y corriente.
(2) El lenguaje como creador y transformador de realidad.
(3) El hechizo de la palabra en sentido inverso. Olot 2015
(4) La inocencia de los que no se vacunan. La falacia de la inmunidad de rebaño.
(5) El test de la verdad: La última palabra de la ciencia.
(6) Historias de toda una vida… que no eran verdad.


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