La defensa de las ideas

Las ideas deben defenderse o rebatirse con ideas, no con la violencia ni con la represión.

Primero vinieron a buscar a los comunistas y no dije nada porque yo no era comunista.
Luego vinieron por los judíos y no dije nada porque yo no era judío.
Luego vinieron por los sindicalistas y no dije nada porque yo no era sindicalista.
Luego vinieron por los católicos y no dije nada porque yo era protestante.
Luego vinieron por mí pero, para entonces, ya no quedaba nadie que dijera nada.

Friedrich Gustav Emil Martin Niemöller (1892-1984)

La libertad de expresión es cada vez más un mito y cada vez menos una realidad. Prueba de ello son las leyes anticonstitucionales destinadas a “regularla”. La existencia y aplicación de estas leyes, por un lado constituyen un trato desigual de los ciudadanos ante una supuesta justicia, y a la vez condicionan su conducta a la hora de ejercer su legítima “libertad de expresión” con una autocensura por temor a la represión.

España es uno de tantos países donde ya no queda libertad de expresión. Leyes como la llamada Ley mordaza, Ley anti-difamación o la mas reciente Ley del Odio, son leyes que cierran bocas y atan pies y manos a quienes quieren expresar libremente lo que piensan y sienten, si ello contradice de alguna manera el pensamiento único al que estos legisladores quieren llevar a la sociedad.

La ley del Odio es tan general y ambigua que deja un margen extraordinariamente amplio para su interpretación y aplicación por parte de la fiscalía y de los jueces, al servicio de unos poderes que se están erigiendo en dictadores de lo que es moral, filosófico y políticamente correcto pensar y lo que no.

Las ideas deben defenderse o rebatirse con ideas, no con la violencia ni con la represión. Es en este sentido que ofrecemos nuestro apoyo a aquellas personas a quienes se les ha vulnerado su derecho de libertad de expresión. Y aplaudimos la valentía de Miguel Celades, al entrevistar a un personaje tan controvertido y perseguido como es Pedro Varela. Lo importante es levantar la voz en defensa de nuestros derechos comunes, independientemente de que compartamos poco, mucho o nada la opinión que se expresa. Si más no por aquello de que “cuando las barbas de tu vecino veas pelar, pon las tuyas a remojar”.

 

Publicado en Análisis y opinión, Entrevistas
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