Cataluña no es solo la pesadilla de España, es la de Europa

FUENTE: theguardian Simon Jenkins viernes 3 noviembre 2017

Puede que los países de la UE estén en los cierto de que Catalunya es legalmente un asunto de la ley constitucional de España. Pero también deberían estar asustados. Catalunya es un problema europeo.

La prisión preventiva de ocho políticos catalanes, con acusaciones abiertamente políticas, y el amparo que su presidente ha hallado en Bélgica, parecen ser una confrontación creada.

Hace dos días el gobierno de Madrid incumplió el acuerdo de que no suspendería al gobierno de Barcelona si éste no declaraba la independencia, y aceptaba convocar nuevas elecciones locales al mes siguiente. Madrid pues procedió con la suspensión, y Cataluña procedió debidamente con la declaración, aunque sin mencionar cuando entraría en vigor. Madrid entonces arrestó inmediatamente a los políticos catalanes (y funcionarios) que pudo encontrar, acusándoles de rebelión y traición.

Hasta el momento es así de ridículo. Todavía ningunas elecciones han pronunciado la clara mayoría de catalanes por la independencia. Barcelona ha procedido dentro de normas democráticas aceptadas, y sin recurrir a la violencia – al contrario que Madrid con sus esfuerzos gubernamentales para detener el reciente referéndum.

Nunca en la larga y duradera lucha sangrienta de los vascos por la independencia se ha encarcelado a los líderes vascos. Cataluña se enfrenta ahora a unas elecciones el próximo mes con la perspectiva de todos sus dirigentes independentistas en la cárcel.

Cataluña está siendo observada, con diversos grados de intensidad, por vascos, bretones, flamencos, escoceses, bávaros, silesios, ucranianos, transilvanianos, venecianos, corsos y demás. Su lucha resuena entre los crecientemente nacionalistas polacos, bohemios, húngaros y griegos, entre todo el mosaico europeo de sensibilidades regionales y de agravios largo tiempo albergados. Se reavivan antiguas enemistades y envidias. La hipócrita Gran Bretaña no puede hablar. Se ha opuesto por largo tiempo al separatismo irlandés, negándose a devolver Escocia y el País de Gales, mientras enviaba a sus soldados a ayudar a la ruptura de Yugoslavia.

Es inútil buscar remedios para estos problemas en los códigos de leyes y sutilezas jurídicas. La autodeterminación ha sido la esencia de la estabilidad de Europa, desde el programa de 14 puntos de Woodrow Wilson para el futuro de Europa de 1917. El cómo se establezca esa determinación puede ser debatible: ¿qué hay de la autodeterminación de los españoles contra la de los catalanes? Pero a Europa le interesa buscar esa definición, formular protocolos en los que el separatismo pueda ser resuelto en grados de autonomía. La estructura estatal europea ha sido durante mucho tiempo “un valle de grados”.

Dado que la propia UE es inherentemente centralista, tiene sentido que el Consejo de Europa, la organización que agrupa a 47 naciones que trata con la democracia y los derechos humanos en todo el continente europeo, asuma esa tarea de forma urgente. La propia UE se ha encorsetado a sí misma de tal manera que pocas de sus naciones asociadas se atreverían a someter a referéndum el continuar siendo miembro. Esto no puede ser saludable para la Unión Europea o para Europa. La creciente oleada de identidades políticas es ahora la mayor amenaza al libre desarrollo de Europa. Cataluña no es una pequeña molestia local. Es un terrible aviso.

• Simon Jenkins es un articulista del Guardian

Publicado en República Catalana
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