02 – El origen de los “Gérmenes”

por Patrick Quanten, MD

El físico, Beverly Rubik Ph.D., Director del Centro de Ciencias de Vanguardia (Frontier Sciences), de la Universidad de Temple, en Filadelfia, escribió:

Quizás el mayor obstáculo que los científicos de vanguardia no están preparados para afrontar, pero que inevitablemente deben hacer, es el político, la tendencia de los sistemas humanos de resistirse al cambio, de resistirse al impacto de los nuevos descubrimientos, especialmente de los que desafían el estatus quo del estamento científico…

… la “Ciencia” se ha institucionalizado y se halla ampliamente controlada por una comunidad institucionalizada que gobierna y se automantiene… En los últimos tiempos se ha registrado un empobrecimiento de perspectivas que ha dado como resultado un creciente dogmatismo, un cientificismo dogmático. Existe una arrogancia que roza la adoración en relación a los conceptos y modelos científicos contemporáneos… enseñados en nuestras academias de forma embotadora que sirve sólo para que el dogma se perpetúe…

Curiosamente, el estamento científico contemporáneo ha asumido el comportamiento de uno de sus antiguos opresores: la iglesia. Los sacerdotes de bata blanca trabajan en laboratorios de acero y cristal similares a catedrales, regulados por obispos y cardenales que mantienen la ortodoxia a través de la corriente principal de “revisión de pares” ( peer review)”.

Esta infortunada situación dentro del estamento científico, aunque se agrava a marchas forzadas, siempre ha sido una característica propia. Las nuevas ideas son rápidamente desestimadas y ridiculizadas, y sus partidarios perseguidos y procesados. Sin embargo, sólo podemos evolucionar y crecer con una mejor comprensión de la naturaleza, y de cómo funciona a través de la introducción de nuevos descubrimientos.

Nos frena una forma de “democracia” en la que la mayoría decide qué es correcto y qué no lo es, muy a menudo sin siquiera querer examinar la evidencia que se les presenta. El argumento principal exhibido es: “¡No puede ser correcto porque nadie ha dicho nada similar con anterioridad!

Pues bien, muy a menudo una pequeña excursión al pasado revela que alguien, en algún lugar, realmente lo había mencionado. Para ilustrarlo, tomemos la teoría de los “gérmenes”.

Siglo 19

Pasteur- BéchampLouis Pasteur alcanzó fama por su demostración de que las bacterias eran las causantes de las enfermedades. Dado que estos gérmenes se encontraron en tejidos enfermos y en tejidos sanos, postuló que invadían el sistema desde el exterior. El estamento médico lo aceptó, y se dispuso a encontrar maneras de “matar” a esos invasores, objetivo que a día de hoy todavía persigue, la mayoría de las veces sin éxito.

En su lecho de muerte, se dice que Louis Pasteur, refiriéndose a las ideas del eminente fisiólogo francés Claude Bernard, exclamó: “Bernard tiene razón… ¡el terreno lo es todo! ¡Los microbios no son nada!

Claude Bernard defendía la idea de que el terreno era mucho más importante que los gérmenes en el desencadenamiento de la enfermedad. Esto partía del trabajo de un contemporáneo de Pasteur, llamado Antoine Béchamp.

Béchamp trabajó primero en Estrasburgo, como profesor de física y toxicología en la Escuela Secundaria de Farmacia, luego como profesor de Química Médica en la Universidad de Montpellier, y posteriormente, como profesor de Bioquímica y Decano de la Facultad de Medicina de la Universidad de Lille, todas en Francia.

Mientras trabajaba en los problemas de la fermentación (la ruptura de moléculas complejas en compuestos orgánicos, a través de un “fermento”), a Béchamp le pareció ver en su microscopio un montón de corpúsculos en sus soluciones de fermentación. Antes incluso de la época de Béchamp, otros investigadores habían observado lo que denominaron “corpúsculos relucientes”, o “granulaciones moleculares”, pero lo dejaron a un lado como inexplicable. Fue Béchamp quien, capaz de atribuirles reacciones enzimáticas fuertes, se sintió inducido a acuñar una nueva palabra para describirlos: microzimas, o “fermentos diminutos” (1).

Entre las muchas peculiares características de esos fermentos una mostraba que los microzimas se hallaban presentes en abundancia en el carbonato de calcio natural, conocido habitualmente como caliza (tiza), mientras que no existían en el carbonato de calcio químicamente puro, fabricado artificialmente en laboratorio. Ésta era la explicación de que la caliza pudiera invertir con facilidad las soluciones de azúcar de caña, en tanto que el carbonato de calcio puro no podía.

En otras palabras, aunque químicamente el carbonato de calcio artificial “puro” sea exactamente lo mismo que el carbonato de calcio natural, sólo este último tiene una vida que le permite interactuar con su entorno.

Con este conocimiento se hace fácil explicar porqué la vitamina C natural tiene muchas propiedades que estimulan la salud, que los investigadores no han sido capaces de reproducir en sus experimentos, porque ellos utilizaron la vitamina C fabricada artificialmente. Una vez más indicación clara de que las “impurezas” dentro de la sustancia son esenciales para su función en la naturaleza.

Béchamp siguió estudiando los microzimas localizados en los cuerpos de los animales y llegó a la sorprendente conclusión de que las diminutas formas eran más básicas para la vida que las células, consideradas desde hacía tiempo como los bloques de construcción de toda materia viva.

Béchamp pensó que los microzimas eran elementos fundamentales responsables de la actividad de células, tejidos y órganos. En realidad, de los organismos vivos al completo, desde las bacterias a las ballenas, y cómo no, de los seres humanos. Incluso los encontró presentes en los huevos fertilizados, donde eran los responsables del desarrollo posterior de los huevos mientras ellos mismos experimentaban cambios significativos.

Lo más increíble para Béchamp fue el hecho de que cuando ocurría algún acontecimiento suficientemente grave como para afectar a todo un organismo, perturbando el equilibro natural, los microzimas dentro de ese organismo empezaban a trabajar para desintegrar totalmente al organismo, convirtiéndose a sí mismos en bacterias y en otros microbios, mientras a la vez seguían sobreviviendo.

Como prueba de tal supervivencia, Béchamp los encontró en la tierra, los pantanos, el hollín de la chimenea, el polvo de la calle, incluso en el aire y el agua. Esos elementos básicos y aparentemente eternos de los que estamos compuestos tanto nosotros como nuestros parientes los animales, sobreviven a los restos de las células vivientes de nuestros cuerpos.

Tan aparentemente indestructibles eran los microzimas que Béchamp los pudo encontrar incluso en piedras calizas con una antigüedad de 60 millones de años. Han de ser considerados las semillas de la vida.

Demostró en su laboratorio que, utilizando diferentes soluciones como medio, podía hacer crecer series de “gérmenes” totalmente diferentes, a pesar del hecho de que todas las soluciones habían sido mantenidas en las mismas condiciones de esterilidad. Estaba convencido de que los gérmenes no podían haber venido de una fuente exterior sino que habían tenido que originarse dentro de cada propia solución.

Los microzimas, que son las mismas estructuras básicas para toda la materia viviente, se transformaban a sí mismas mediante la estimulación de los diversos terrenos de cultivo en los que vivían, en diferentes formas de vida (en esos experimentos, en gérmenes), correspondiendo al contenido de la propia solución.

Demostró también claramente que un tipo de bacteria se desarrollaría espontáneamente en otro tipo [de bacteria] dado un cambio en las condiciones medioambientales. Así es como se vio que la bacteria de la difteria se transformaba en un coco (2). ¡Eso es algo imposible en la bacteriología de Pasteur!

La controversia entre estos dos puntos de vista científicos queda fácilmente zanjada cuando examinamos los informes que estos dos investigadores sometieron a la Academia de Ciencias Francesa. Lleva a tres indiscutibles y sorprendentes conclusiones:

  • Los informes de los experimentos de Pasteur y sus consecuentes deducciones son todos posteriores a los de Béchamp, en algunos casos con diferencia de varios años. Cuando Pasteur proclamó haber encontrado la respuesta a la cuestión resulta que Béchamp ya había respondido esa cuestión con claridad.
  • La calidad del control en los experimentos de Pasteur fue muy pobre, permitiéndose incontables interferencias, cosa que invariablemente ha sido ignorado, incluso cuando fue señalado por sus colegas. Por el contrario, parece que Béchamp tenía un enfoque más rígido y estructurado a sus experimentos, lo que le permitía responder a sus contemporáneos con más claridad.
  • Las deducciones que Pasteur hizo a partir de sus experimentos a menudo sobrepasaban el alcance del experimento real, y resultaban ser mucho más especulación que ciencia. En consecuencia, Pasteur fue pillado en varias ocasiones cambiando su interpretación y declaraciones según conviniera a su causa. Béchamp nunca realizó una afirmación que no hubiera corroborado con sólidas pruebas científicas.

La razón por la que Béchamp fue mayoritariamente ignorado y Pasteur fue elevado a la categoría de héroe debemos buscarla en la diferencia de personalidades, y la tentación del éxito comercial.

Hoy en día nada ha cambiado, todavía seguimos ignorando los hechos y cifras, y seguimos buscando al invasor exterior para echarle la culpa de la enfermedad.  Cuando surgió este dogma no sólo tuvimos la oportunidad perfecta para refutarlo de una vez por todas, sino que desde entonces la experiencia personal, así como los datos y cifras de los efectos de tratamientos basados en este dogma, han demostrado una y otra vez la nulidad del propio sistema.

Sin embargo, impulsados por las recompensas comerciales y sociales, seguimos ignorando la realidad y rehusamos cuestionar, en verdaderos términos científicos, los fundamentos sobre los que se basa nuestra opinión sobre la enfermedad.

Ha sido generalmente aceptado, incluso en tiempos de Pasteur, que para que un microorganismo específico fuera responsable de una enfermedad específica, debían cumplirse las siguientes condiciones:

  • El organismo debía encontrarse en todos y cada uno de los casos de la enfermedad.
  • El organismo no podía ser encontrado en ninguna otra enfermedad, o en ausencia de enfermedad.
  • El organismo debía poder ser aislado del tejido enfermo en un medio de cultivo puro.
  • Inyectado en un sistema sano, el organismo crecido en un medio de cultivo, siempre debía producir de nuevo la enfermedad.

¡Esas condiciones nunca se han cumplido en ninguna enfermedad infecciosa conocida!

Ni ahora ni en los tiempos de Pasteur, como muchas quejas y argumentos de sus colegas científicos atestiguan.

¡Y hay más!

Microscopio Universal

En febrero de 1944, el Instituto Franklin de Filadelfia (EE.UU.) publicaba el artículo: “The New Microscopes” (Los nuevos microscopios), en su prestigiosa revista dedicada a la ciencia aplicada. El artículo incluía una larga disertación acerca del “microscopio universal”, creación de un autodidacta de San Diego, Royal Raymond Rife.  Este microscopio, desarrollado en los años 1920, superaba la gran desventaja del microscopio electrónico, que acababa de ser sacado al mercado por Radio Corporation of America, porque en el microscopio electrónico los diminutos organismos vivientes se colocan en el vacío, y están sujetos a cambios protoplasmáticos inducidos por un bombardeo de electrones, por lo que es ineficaz para revelar a los especímenes en su estado de vida natural.

royal raymond rifeEl microscopio Rife presenta varias características llamativas, la más importante de ellas siendo el cristal de cuarzo de que está compuesto todo el sistema, totalmente inmejorable así como la unidad de iluminación, y la extraordinaria resolución que consigue.

Con un poder de resolución de 31.000 diámetros -en contraposición a los 2.500 de los microscopios al uso en aquellos tiempos, y por lo menos el doble de magnificación disponible con las mejores soluciones que se utilizan en la actualidad, el aparato de Rife podía enfocar sobre cinco líneas de una parrilla estandarizada, mientras que un microscopio ordinario no puede hacer más que examinar cincuenta líneas, y eso con una considerable aberración.

Rife sostenía que podía seleccionar una frecuencia o frecuencias específicas de luz, que se coordinaba y resonaba con los propios constituyentes químicos del espécimen, de manera que un espécimen determinado emitiera su propia luz de color y característica únicas. De esta manera se podían identificar con facilidad los especímenes.

Con su invento, Rife era capaz de mirar los organismos vivos. Lo que vio le convenció de que los gérmenes no podían ser la causa sino el resultado de la enfermedad; y que dependiendo de su estado, el cuerpo podía convertir a una inofensiva bacteria en un patógeno letal; que ese patógeno podía ser eliminado instantáneamente, cada uno a través de una frecuencia específica de luz; y que las células, contempladas como irreducibles bloques de construcción de materia viviente, son en realidad compuestos de células más pequeñas, que a su vez se componen de células incluso más pequeñas, proceso que se continúa en una magnificación cada vez más elevada hasta el estadio dieciséis, estadio por estadio del viaje más allá de lo micro.

Miles de fotografías y centenares de metraje de película se tomaron para revelar estos hechos.

De nuevo, como sucedió con Béchamp, la utilización de un equipo mejor, y la aceptación de lo que se observaba, a pesar de que contradecía el conocimiento científico establecido, condujo a un descubrimiento significativo. Rife no sólo describió lo que veía, en lugar de tener que adivinar lo que creía que era verdadero, sino que documentó cada paso de su descubrimiento con fotografías y película en movimiento.

Sus contemporáneos decidieron que era imposible “ver” a esos diminutos organismos, puesto que no tenían la tecnología. El resultado final es que ni vosotros ni yo habíamos oído siquiera hablar de Rife ni de su microscopio. Además, se nos ha dicho que su microscopio, junto con la mayoría de sus escritos científicos y evidencias, fueron destruidos.

Sin embargo recientemente algo de ello ha sido recuperado pero, desgraciadamente, en un estado lamentable. Hasta la fecha nadie ha conseguido reproducir con exactitud el microscopio de Rife, puesto que nunca se han encontrado los detalles específicos.

La consecuencia del descubrimiento de Rife es que las células no son los bloques de construcción básicos de la vida, como cree la profesión médica; y que las bacterias se originan en el interior del tejido enfermo, y no, como cree la profesión, invadiendo al sistema desde el exterior.

Gaston Naessens

Gaston Naessens fue un biólogo nacido en Francia, que vivió y trabajó durante muchos años en Quebec (Canadá). Inventó un microscopio allá por los años 1950, desconociendo la invención y trabajos de Rife, capaz de visionar entidades vivientes mucho más pequeñas de lo que se podía ver con los microscopios de luz que existían.

Gaston NaessensCon su excepcional instrumento, Naessens consiguió descubrir en la sangre de los animales y de los seres humanos, así como en la savia de las plantas, una hasta la fecha desconocida forma microscópica, ultramicroscópica, organismo viviente sub-celular y con capacidad de reproducirse, a la que bautizó como somátide.

Esta partícula podía ser cultivada -hacerla crecer- fuera de los cuerpos de su anfitrión.

Y, cosa suficientemente extraña, se vio que se desarrollaba en un ciclo de “forma cambiante”. Los primeros tres estadios –somátide, espora y doble espora – son perfectamente normales en organismos sanos, de hecho, son cruciales para su existencia.

Más extraño todavía, con los años los somátides revelaron ser virtualmente indestructibles. Resistieron la exposición a temperaturas de 200 y más grados C. Han sobrevivido a la exposición de 50.000 rems de radiación nuclear, mucho más de lo que se necesita para matar a cualquier cosa viva. Ningún tipo de ácido ha llegado a afectarlos. Extraídos de los residuos centrifugados, ha sido imposible cortarlos con un cuchillo de diamante.

La inquietante implicación es que las minúsculas nuevas formas de vida son imperecederas. Cuando mueren sus hospedadores, como nosotros mismos lo somos, regresan a la tierra, donde perduran.

Naessens descubrió también que si, y cuando, el sistema inmunitario de un animal o de un ser humano, se debilita o desestabiliza, el ciclo normal de tres etapas se convierte en uno de trece etapas más de sucesivo crecimiento para componer un total de dieciséis formas separadas, cada una de ellas evolucionando hasta la siguiente.

Todas ellas han quedado reveladas al detalle con toda claridad en las imágenes en movimiento, y con la fotografía de fotograma a fotograma. A partir del estadio de doble espora, mencionado arriba como el tercer estadio del ciclo normal, se puede transformar en una forma bacteriana (4), que incluye las formas virales, luego en una forma doble bacteriana (5), luego en una forma de varilla (6), luego en una forma bacteriana con doble esporas (7), luego una forma bacteriana con doble esporas granuladas (8), y las siguientes (9) y (10) son formas microbianas globulares.

En el estadio (11), esta forma estalla abriéndose y convirtiéndose en una forma de levadura (12), luego en una forma ascospora (3) (13), con (14) y (15) siendo formas miceliales(4).

Dentro de todo este ciclo se encuentran las bases de todos los “gérmenes” conocidos, habiendo emergido de un estadio anterior menos desarrollado, dadas las correctas circunstancias ambientales.

En un entorno rico, limpio, la forma (15) estallará liberando somátides al medio, mientras que las membranas externas permanecerán como talo fibroso (tejido cicatricial). Estos somátides resumirán el ciclo normal de tres estadios.

somatidcycle2

En términos sencillos, el tejido enfermo desarrolla desde su interior un microorganismo que limpia la materia dañada corrupta, y desaparece una vez realizado el trabajo, dejando el tejido sano y limpio de nuevo. Son las mismas cualidades de “vida” que tenía antes de enfermar.

ciclo somatides ciclo somatides foto

Estudiando el ciclo, tal como se revela en la sangre de seres humanos que sufren de diversas enfermedades degenerativas, como artritis reumatoide, esclerosis múltiple, lupus, particularmente cáncer, y más recientemente SIDA, Naessens fue capaz de asociar el desarrollo de las formas del ciclo patológico de dieciséis estadios con todas esas enfermedades.

Lo que es más importante, ha sido capaz de predecir el eventual inicio de tales enfermedades mucho antes de que apareciera cualquier signo clínico de las mismas. Y muy importante también, ha llegado a demostrar que tales sufrimientos tienen un principio funcional común, o base, y por tanto no deben ser considerados como fenómenos separados y sin relación, tal como durante tanto tiempo lo han hecho los círculos médicos ortodoxos.

Naessens concluyó que el somátide es, ni más ni menos, lo que podría denominarse una concretización de la energía. Esta partícula, que se ha materializado en el proceso de la vida, posee propiedades genéticas transmisibles a los organismos vivientes, animales o vegetales, ya que en ausencia del ciclo normal de tres estadios no puede tener lugar ninguna división celular. ¿Por qué? Porque es este ciclo normal el que produce una hormona de crecimiento especial que permite tal división.

Los somátides son simplemente precursores del ADN.

¡Y ahora algo nuevo!

Naessens no sólo demostró el dictamen de que “los gérmenes son un resultado, no la causa de la enfermedad”, sino que también demostró que el ADN no es el “independiente” gobernante de la vida que las autoridades médicas habían representado. El ADN está construido por pedacitos que van antes que él, y específicamente esos pedacitos corresponden directamente al estado energético vibratorio del entorno.

Hipócrates, y mucho antes que él, los hebreos y los egipcios, atribuían ya la mayor parte de los incidentes mórbidos a humores turbulentos. Con “humores” queremos decir los líquidos extra-celulares del organismo.

Con la ciencia moderna ahora podemos demostrar la existencia de inhibidores en los alrededores de la célula que mantienen a la poderosa hormona especial del crecimiento bajo control, y detienen el ciclo somátide en el estadio tres (normal).

El primer estadio de una inminente enfermedad se presenta como un nivel disminuido de inhibidores que permiten a la evolución natural moverse hacia la aparición de diferentes formas de gérmenes crecidos del propio medio interno. Esta falta de inhibición ocurre cuando cualquier tipo de estrés se coloca sobre el sistema; cuanto más se prolongue, mayor y más tiempo durará el efecto. La enfermedad ahora prevalece.

Entonces…

Los gérmenes los fabrica tu cuerpo, en un esfuerzo por limpiar un medio interno desordenado. Una vez se ha logrado esto, desaparecerán de nuevo automáticamente. Demostrado en varias ocasiones durante estos últimos 150 años solamente, y todavía no aceptado en nuestro mundo.

No seamos cínicos: no tiene nada en absoluto que ver con vacunas ni con sustancias que maten gérmenes, ni con los lucrativos negocios financieros de fabricarlas y venderlas; por no mencionar la alta consideración en la que todos esos inteligentes cerebros son tenidos, y los trabajos que ellos están manteniendo.

¿Te sientes enfermo?

¿Quieres saber qué hacer?.

La respuesta es: ¡haz limpieza!

Referencias:
  1. “¿Béchamp o Pasteur?”, by E. Douglas Hume.
  2. “The Cancer Cure that worked”, by Barry Lynes (Rife’s saga).
  3. “The Life and Trials of Gaston Naessens”, by Christopher Bird.
  4. “Rational Bacteriology”, by J.R. Verner, C.W. Weiant and R.J. Watkins.

(1) En 1866 envió a la Academia de Ciencia una memoria titulada “El papel de la tiza en la fermentaciones butírica y láctica y el organismo vivo contenido en ella”

(2) Los cocos son bacterias que tienen forma esférica.

(3) Ascospora es una espora (meiospora) contenida en un asca. Esta clase de espora es específica de los hongos clasificados como ascomycetes.

(4) El micelio es la masa de hifas que constituye el cuerpo vegetativo de un hongo.


Fuente: Origin of “Germs” – enero 2003

02 – PDF – ORIGEN DE LOS GÉRMENES

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